"Una Historia explicada no solo con peras y manzanas. "

Había una vez, en una canasta de frutas situada en el lado oeste de una casa muy lejos de donde seguramente tu vives, una pequeña cereza.

Era una cereza demasiado pequeña a comparación de sus hermanas. Era roja, demasiado diría yo, parecía una pequeña flamita cuando danzaba de un lado para otro.

Un día, mientras observaba a dos fresas tomadas de las manos se empezó a preguntar, ¿Por qué harían eso? ¿Qué ganaban? ¿Qué significaban? Siguió pensando y un día, después de haber preguntado en miles de lugares por la pequeña mesa en donde estaban, supo la realidad, para ella demasiado "cruda".

"Las frutitas como tu no deberían saberlo- dijo la abuela frambuesa a la cereza- Pero en algún momento, en la vida de cada fruta, se necesita de alguien que los complemente. El problema es que hay que buscarlo en toda esta gran cocina. Y no es cualquiera, es una fruta mágica la que encontraras y... bueno, creo que esa es suficiente información por ahora". Dijo y después de un buen rato quedo profundamente dormida.

-Bien -Dijo al fin la cereza- creo que debería empezar a buscar a mi pareja "mágica". Después de todo nunca se sabe cuando el señor puede venir a la cocina y tener antojo de una rica cerecita como yo. Debería apresurarme.

Y así comenzó la búsqueda de la cerecita. Brinco y se dirigió a la orilla norte de la mesa, donde descansaba un pequeño platanito. Ella un poco desconfiada se acerco a el y le pregunto.

-Hola, disculpa ¿Qué eres tu?

-Bueno-dijo el otro respirando profundamente- soy un platanito y tu eres una cereza, y, seguramente  vienes buscando ayuda o ¿porque no? Una parejita.

-Si, pero ¿Sabes como puedo encontrar a esa parejita mágica?

-Claro que si... mira, tiene que gustarte su forma de ser.

-Hu... ¿únicamente eso?

-Desde mi punto de vista, si.

-y... ¿Qué otros "puntos de vista hay"?

-Varia, según tu sabor y tu color. Por ejemplo, a las fresas les gusta ver el físico de otras fresas, por que según ellas todas son perfectas y son superiores a los de más, ellas solo ven eso como importante. Por otro lado, la naranja busca a alguien seguro y que también la haga sentir segura a ella.

- ¿A la naranja? ¿Segura? ¿A que te refieres?

-Jejeje- rió el platanito cortésmente- seguramente no tardaras mucho en entenderlo.

-Hu... Bueno, y ¿tu como eres?

Bueno... ejem- contesto exaltándose- Soy una fruta tranquila, de un sabor no muy dulce, ni muy amargo. Una fruta, sin duda, formal de nacimiento. Pero especialmente, soy un platanito como ninguno otro que haya por aquí.

-Woow...-Seguía contestando la cereza si dejarse de asombrar- Bien... creo que no eres mi tipo platanito. Pero podemos ser amigos.

-¡Por supuesto que si!- dijo feliz- también sabía que tu no eras para mi.

-¡Amigos!- dijo la cereza y se estrecharon las manos- Ahora, ¿Sabes donde podría buscar a mi fruta especial?

-Mmm... dicen que más allá de la estufa, hay otra canasta con frutas diferentes. Te puedo acompañar hasta donde están aquellos platos, pero después deberás seguir sola.

-Esta bien - dijo y volvieron a la caminata.

Caminaron, no mucho, y al fin se detuvieron antes de llegar a las hornillas.

-Aquí regreso yo.

-Esta bien, quizá nos volvamos a ver- dijo la cerecita.

-Eso espero, y también espero que encuentres a tu fruta especial.

-Gracias.

-De que. Bueno...-Dijo el plátano, mientras extendía su amarillenta mano-. Buena suerte.

-Igualmente. Hasta luego.

 

Se despidieron y hubo diferentes gestos de tristeza, pero eso no hizo detenerse a la cerecita. Llego a la estufa. Era tan grande y con unas hornillas tan altas. Con paso inseguro cruzo las peligrosas partes de la estufa, y del otro lado había una gran tabla con un objeto metálico en ella y un limón yacía, partido por la mitad. Junto a el, otro, compañero de este, estaba sentado en la esquina.

-Hola- Dijo la cerecita titubeando-.

-Hola. Contesto con voz grave y apagada- ¿Qué quieres?

-Busco a mi fruta especial. ¿Sabes donde está?

-No tengo idea -Contesto el- Pero no te empeñes en buscarla. Tardaras mucho en encontrarla, quizás ni la encuentre y si lo llegases a hacer duraras muy poco con ella, porque tanto te pueden comer, como te puedes empezar a pudrir y he oído, que eso es lo peor que nos puede pasar a nosotras las frutas.

-Huy... que malo eres. ¿Piensas tan mal de todo?

-Bueno, soy un limón, Soy agrio, soy desinteresado. Hay tantos como yo y hay tanto de todo que ya no le veo el lado interesante a la vida.

-Woow... Deberías alegrarte. Solo tienes la cara de limón pero puedes cambiar -Dijo la cereza sin pensarlo demasiado, era principalmente para hacerlo reír- claro, si lo intentas quizás...

-No, no podré. Yo lo sé. Oye, deberías irte ya, estoy seguro que no tardara en regresar el señor y si te encuentra seguramente no encontraras a tu fruta especial.

-Está bien. Pero, ¿Vienes conmigo?

-¿No. Aquí estoy bien. Se ha ido mi fruta especial, dime, ¿que caso tiene seguir sin ella?

-¡Hu! Lo siento enserio. Aunque no se como se toleraban-  susurró la cerecita.

-¿Que dijiste?

-Nada, que si no sabes donde esta la gran canasta del Este.

-Si, queda en esa dirección.-y señalo a su derecha- Yo era de allá. No es la gran cosa. ¡Rápido! Ahí viene el señor- Se avivo de pronto- ¡Escóndete! ¡Y no te des por vencida! -Alcanzo a gritar a la cerecita.

Ella corrió y se oculto detrás de una gran pirámide de madera que tenía mas cosas de metal. No soporto ver todo lo que ocurrió después, cerro los ojos y cuando todo hubo pasado salió de su escondite y corrió hacia la canasta. Ya no estaba muy lejos así que no tardó en llegar. Al estar ahí todo se le hizo tan diferente. Había frutas diferentes, más verdes, mas gruesas y mas delgadas. Con colores más vivos. Se entrevisto con cada uno de ellos. Conoció a una fresa, que en efectivo era demasiado vanidosa, no dejaba de mirar su reflejo en el refrigerador. También conoció a una granada, una naranja y una mandarina, pero todas estas se sentían muy desconfiadas, muy temerosas, no sabían lo que querían, se sentían realmente divididas por dentro. La pera era buena dando explicaciones, todo lo decía con detalle y muy bien al igual que su amiga la manzana.

Conoció a cientos de caras, cuerpos y personalidades diferentes, pero no encontró a su "media naranja". Después de un agotable día termino por regresar a su canasta y desilusionada se durmió hasta el da siguiente.

Al la siguiente mañana se despertó con lagrimas en los ojos y se acercó a la ventana. Vio a través de ella, y comenzó a nuevamente a llorar.

De la nada, escucho una voz. Dulce y aguda como la de ella. Se volvió hacia la mesa y vio a una uva (la primera que había visto en su vida) llamándole desde abajo.

-¡Hey tu! ¿No sabes donde esta la canasta situada al este?

-Si, ya fui para allá pero te aseguro que no vas a encontrar nada.

-Mmm... intentaré. ¿Puedes bajar? Es que no me gusta estar gritando.

No tardo en descender y la pequeña uva comenzó a patear un huesito de pepino. Al fin la cerecita dijo:

-¿Y tu como eres? Quizás te pueda presentar, ya conozco a mucho del otro lado.

-Bueno-Comenzó la uva- yo soy dulce, chistosa y traviesa. Me encanta el color rojo y el sabor también dulce.

-Woow, que coincidencia, a mi me gusta todo eso a excepción del color, a ti te gusta el rojo y a mi el morado...-Dijo por ultimo la cerecita.

Y así termina este cuento. La dulce cerecita consiguió a su príncipe "morado" y vivieron felices por un maravilloso día. Ya que al día siguiente al señor se le antojo un jugo de estos dos sabores y los uso a ambos. Según se dice, hasta ahora no hay alguna combinación tan perfecta como la que hicieron ellos 2 aquel día.

Morajela. El amor verdadero viene cuando menos te lo esperas, no busques, solo siéntate un día a mirar por la ventana.